Población
Durante la era del Imperio de los Antiguos Dragones tribus venidas desde el Irom migraron atravesando el Mar de los Profundos, refugiándose en las costas Lisantheas.
Se dice que bajo las arenas del Sujunnazam se ocultan ruinas de los primeras ciudades de estos pueblos, llamados Morrezgur. Gracias a la adoración de los Dragones Nagereos, a estas tribus se les permitió construir extensas ciudades de piedra albergando numerosas poblaciones. Siempre ofreciendo tributos en formas de sacrificios y de objetos brillantes a estos dragones patronos.
Ikquirraz
La antigua Ikguirraz era la mayor y mas bella de los asentamientos Morrezgur. Fue construida sobre una gigantesca loza de piedra, una construcción que ya se encontraba ahí desde tiempos inmemoriales, sobre la cual se construyó el castillo del gran Gachaz, posicionando el salón real sobre un sector en donde se encontraron tallados una gran cantidad de escritos.

Ikguirraz llevaba algo así como trescientos años de existencia, en ella, varias generaciones de Gachaz habían sucedido. El último había sido Merriz Murruzer, el cual encargó la lectura de los escritos en la loza de su palacio a sus tres sacerdotes. Los escritos claramente hablaban sobre la adoración de la luz, como fuente de conocimiento y de poder, mas las interpretaciones defirieron sobre cual era aquella fuente de luz. Monartliz Kaktipur la interpretó como el sol, astro fuente de luz; Sirug Mertzenigazz dijo que era el oro, como reflejo de su luz materializado; finalmente Zuzgun Ongalugzek dedujo que los escritos se referían a la adoración de un sol rojo, aquél de las estrellas lejanas, una fuente de luz de la cual provenían los antiguos dioses extranjeros.
El Gachaz Merriz Murruzer, decidió que la interpretación de Sirug Mertzenigazz, aquella sobre la adoración del oro, era la interpretación mas cercana a sus conveniencias. Terzegihan, su dragón patrono, sin duda apreciaría mas esta interpretación que las dos anteriores. Sin embargo dejó que los otros dos sacerdotes profundizaran en sus investigaciones, pero sin que Terzegihan se enterara de ello.
Así Monartliz Kaktipur se volcó en los estudios de astrología, el planeta, y las facultades del “dios Sol”, el que brindaba todo lo necesario para las cosechas y el bienestar del reino.
Sirug Mertzenigazz dedicó sus esfuerzos a la adquisición de la mayor cantidad de oro posible, con la cual, aumentaban los favores de Terzegihan y así el reino ganaba poder por sobre sus vecinos que pasaron a ser subyugados. Con el oro, además de aumentar las ofrendas a su dragón, generaron grandes bienes, lujos, compraron hombres para construir ejércitos, vestuarios, esclavos, construyeron palacios y adquirieron muchos animales de guerra.
Zuzgun Ongalugzek estudió sobre las estrellas lejanas, aquellas que no pertenecían a este mundo, así descubrió sobre los dioses extranjeros, los dibujó, estudió sus profecías y las formas en que de ellos podría adquirir poder, construyó templos secretos en sus nombre, y formó una secta para adoral al sol lejano.
Los dioses extranjeros habían sido expulsando miles de años atrás por los dioses del Putaverunt, la codicia, y avaricia conducían al deseo insaciable de poder y terminaban provocando guerras innecesarias entre Eleanos. Sin embargo, esto no lo sabia Zuzgun Ongalugzek, y fue poco a poco entrando en el juego del deseo. Una energía corría por sus venas cada vez que realizaba los rituales indicados en los escritos, se sentía cada vez mas poderoso, joven, vivaz y fuerte.
Poder
El imperio creció y con ello se expandió su cultura. Zuzgun Ongalugzek comenzó a hacerse conocido, y no resistió la tentación de poder invocar poderes mayores y construyó una pirámide para adorar a sol rojo. Se lo comentó a Terzegihan, quien estuvo de acuerdo con la proposición. El dragón pensaba a sus adentros, que el poder que esta pirámide invocara lo podría adquirir él, con el propósito de destruir a los Antiguos Dragones que, de vez en cuando, él debía matar.
55 años pasaron para que la construcción finalizara. Terzegihan planeaba subir a su sima y adquirir el poder del las estrellas lejanas, la misma forma que los había creado a ellos, los dragones Nagéreos, a travez de Nagerea, la diosa Synighith. Sin embargo, este dragón no contaba con Hangurimzunish, uno de los mas temidos de los Dragones Nagereos y que había sido su rival durante cientos de años y al que había derrotado anteriormente en ferviente batalla. Hangurimzunish esperó el momento correcto y subió a la pirámide durante la constelación de Ragna, cuando Sybiresaibera era visible desde Nunc.
Hangurimzunish se hacía mas poderoso y se inició una horrible batalla entre los dragones en los cielos. Esta vez Hangurimzunish ganó el combate, comiendo el cuello de Terzegihan y entregando su cabeza al pueblo Ikguirraz. El pueblo de Ikguirraz se vio forzado a huir.
Entonces Hangurimzunish fundido metal sobre la cabeza de Terzegihan y la cubrió de bronce, colocándola cerca de la ciudad semidestruida en forma de trofeo. Luego entró al palacio lleno de oro y se acurrucó en sus bóvedas para dormir.
Diaspora
Estalló la Rebelión de los Antiguos Dragones, y los Ikguirranes se vieron huyendo de un lado a otro en las tierras que se volvían desérticas con los años y con los conjuros lanzados entre los dragones.
Gachaz Merriz Murruzer murió, así como los sacerdotes, salvo el viejo Zuzgun Ongalugzek, a quién las estrellas lejana habían prolongado su vida.
El hijo del Gachaz, Mirrir Murruzer, sucedió a su padre, y fue a la costa en busca de nuevos comienzos junto a su séquito y a la ideología del Mertzenismo, impulsada por el sacerdote de su padre, Sirug Mertzenigazz. Pronto se vieron apresados por otro dragón, Nauseasal, a quién, a cambio de la libertad del pueblo y de la vida de la hija menor del Gachaz, debieron construir una gran y hermosa guarida-palacio abovedada en la cima de una montaña y llenarla de oro. La gran tribu Mertzenista, pasó un siglo construyendo la hermosa guarida-palacio. Mirrir Murruzer murió en ese entonces, pero su hija, la princesa Dalmar Murruzer sucedió a su padre casada con Helingzu Murzuhem, un apuesto guerrero a quien le gustaba lucir joyas en combate. Nauseasal finalmente creó una enorme tormenta de arena y imbuyó a la gran tribu dentro, para luego hacerlos aparecer cerca de la costa, en donde quedaron en libertad y construyeron Dalmar, nombre que dieron en honor a la princesa. Pero nunca supieron donde se encontraba exactamente guarida-palacio de Nauseasal que construyeron.
“Todo se puede comprar con el oro, incluso la vida. Cuando el oro no puede comprar algo, significa simplemente que el oro no fue suficiente”.
Los Kaktipures, denominados así porque habían seguido y servido a Monartliz Kaktipur, se dirigieron hacia hacia las montañas del noroeste. En su camino se encontraron con Egschaa, un malvado dragón Nagereo, que esclavizó al pueblo Kaktipur durante varios años. Egschaa era rival de Shilaya un dragón Antiguo, y este ayudó a las tribus a escapar luchando contra Egschaa.
Se cuenta que se produjo una enorme tormenta de arena, que azotó al pueblo mientras los dragones luchaban. Esta tormenta duró semanas y provocó que muchos Kaktipures se perdieran. La batalla entre los dragones fue feroz, y Egschaa era mas poderoso que Shilaya, por lo que intervino en combate Ilabreth, un Antiguo Dragón cobrizo, quien también se habían despertado en revolución. Shilaya murió en las fauces de Egschaa, pero Ilabreth mató a Egschaa. Así el dragón cobrizo guió al pueblo hasta encontrar valles fértiles, en donde se refugiaron y formaron una asentamiento, cuyo nombre está perdido en los libros y del cual no se supo mas.
Los Ongaluks, guiados por el viejo Zuzgun Ongalugzek, siguieron hacia el oeste, se refugiaron a los pies de montañas verdes, y junto a sus seguidores siguieron pidiendo ayuda a los dioses extranjeros. Esta vez, con el fin de derrocar y protegerse de los Dragones Antiguos, quienes aborrecían a este pueblo. Los Ongaluks, fueron escuchados y se transformaron con el pasar de los años en seres fuertes y longevos, una turbu que luego fue temida en todo lo que se conoce como el Mogerrez.
Una de las tribus perdidas de los Kaktipures erró hasta las proximidades de los asentamientos Ongaluks, éstos los tomaron como esclavos y experimentaron con ellos macabros sacrificios, frases venidas de otras galaxias, químicas y matemáticas de otro mundo, transformando así parte de este pueblo en engendros maliciosos. A algunos les dieron el don de la fuerza animal, para utilizarlos en trabajos forzosos y dio por resultado una especie que llamaron Makimaka, debido a su forma mitad humana, mitad animal. Sin embargo siempre dejaron a algunos Kaktipures para servirles sin someterlos a experimentos extraños.
Nuevos comienzos
300 años pasaron, los Antiguos Dragones habían acabado o exiliado a la mayor parte de los Dragones Nagereos. Pero las fuerzas oscuras seguían presentes en el planeta. El clima del Mogerrez se había convertido en desértico, y el precioso Mar de las Hadeas se había convertido en un salar.
Zuzgun Ongalugzek continuaba vivo alimentado por las fuerzas de las estrellas lejanas y el pueblo Ongaluk continuaba creciendo mientras mantenía a Kaktipures como esclavos.
Los Ongaluk planeaban la construcción de una torre extendiendo sus límites, por lo que habían llevado esclavos y Makimakas a trabajar en el terreno. Durante la noche, el campamento fue atacado por una abominable criatura de las arenas, lo que provocó gran conmoción y caos, en aquel momento, huyeron varios esclavos del campamento, dejando que la criatura aplastara a gran parte de los soldados Ongaluces.
Los Makimakas que huyeron se escondieron en el desierto, y encontraron a una tribu Kaktipur libre, llamado Licki Kair, que los ayudó a reestablecerse. Luego los instruyeron en sus saberes y les enseñaron la lectura de las estrellas. Los Licki Kair, después de haber conocido su historia dejaron de llamarlos Makimakas para cambiar su nombre a Mazterrazir, que significa Hijos de Todos los Dioses. Ello debido a que habían comprendido que eran hijos de los dioses del Putaverunt transformados por las fuerzas de los dioses extranjeros.
Habiendo comprendido esto, fueron guiados por una fuerza divina hasta un punto enérgico muy poderoso, que les ayudó a establecerse y a crear una ciudad en las rocas, a la que llamaron Trizán, que significa Madre de Roca.
Los Mazterrazir, fueron uno de los pueblos mas enigmáticos del Mogerrez, tal ves fue su condición medio humana, su fuerza animal o el hecho se haber sido creado desde las manos de “todos los dioses”, lo que los llevó a desarrollar una cultura tan rica y complicada en tan poco tiempo.
Mientras los humildes Kaktipures, continuaban desarrollando una profunda filosofía, en un estado seminomade y de aldeas o pequeñas ciudades. Los Mazterrazir se expandieron y formaron una extensa red. A la vez, las condiciones del desierto y su estado medio animal, los llevó a transformarse en algo agresivos, mas no con los pueblos de sus ancestros a quienes siempre respetaron y vieron como a sus salvadores.
Sirce
Pasaron cerca de 900 años años. Un viejo caravanero encuentra a una muchacha moribunda en el desierto, quien había caminado muchos kilómetros sin agua, y a quien el viejo auxilia llevándola a Maej una ciudadela en el desierto. La muchacha era una Kaktipur y había sido esclava de nacimiento de los Ongaluces, huyó por el desierto junto a su familia, pero todos murieron en el camino.
En Maej la mujer logra restablecerse, rehacer su vida y casarse con un hombre proveniente de las ciudades de la costa, matrimonio del cual nace Sirce. Quien desde niño fue muy curiosos y estudioso. Su madre le enseñó los antiguos principios Kaktipures y también le contó parte de su vida de esclavitud y acerca de los extraños rituales que hacían los Ongaluks. Su padre llevó a la familia a buscar nuevas oportunidades a las ciudades que estaban creciendo en la costa.
En la costa, los Mertzenies crecían en número y se extendían en ciudades. Y Dalmar se cubría de oro, plata y piedras preciosas. A parte de los bienes doraros del mineral, también se comenzaba a desarrollar tecnología y ciencia. La observación de las estrellas fue importantísima en la ciudad de Jahzel, en donde se creó una escuela de estudios de magia, la Academia Gergemizen, dirigida desde la Torre Maestra. Escuela a la que Sirce entró desde muy joven.
Apenas salido de sus estudios, se interesó por la extraña ciencia que estudiaba aquel pueblo que había esclavizado a su madre, y se fue al desierto para visitar a los Ongaluks. Los que habían expandido sus regiones hacia el oeste del desierto, ahí donde todavía había selva y vegetación y de quienes hace ya tiempo que no había escuchado sobre sus invasiones, se preguntaba que es lo que estaba haciendo.
Llegando a sus pueblos y ciudades se hizo pasar por uno de ellos, vio a los Makimaka y a otros Kaktipures esclavizados. Pero lo que mas le llamó la atención fue que los Ongaluks habían desarrollado un sistema de para manipular masas de esclavos. En algunas regiones del oeste, mas adentradas en las junglas, a esclavos que morían de cansancio, los hacían resucitar y los hacían continuar trabajando pero ya sin conciencia, como si los cuerpos pudieran volver de la muerte pero ya sin espíritu que lo habitara. Su curiosidad lo llevó a experimentar algunos conjuros que dieron resultado. El joven Sirce comprendió que estas fuerzas no eran de este mundo, y descubrió que provenían de léxicos antiguos, mas antiguos que los mismos eleanos, tal vez de aquellos tiempos en que los dioses extranjeros habían visitado el mundo. Entonces decidió partir en busca de la antigua Ikguirraz en cuyas lozas estaban los escritos, los mismos que habían dividido a los pueblos.
Durante su trayecto conoció a los los pueblos Kaktipures, los antepasados de su madre y conoció los Licki Kair, y aprendió de las estrellas. También conoció a los Mazterrazir, de quienes se interesó ampliamente por su rara naturaleza y con quienes estableció grandes lazos. Visitó Trizán y sintió la energía que vibraba en aquel lugar, visitó sus laberintos, se perdió en su pasillos como quien se pierde en el limbo de la muerte y volvió a salir, como quien reaparece a la vida desde la oscuridad. Comprendió que la arquitectura Mazterrazir, tosca pero espiritual, dibujaba la vida, la muerte y también lo terrenal en relación a las energías de las estrellas. Con estos conocimientos estudio las constelaciones y las matemáticas sagradas. Gracias a ello, descubrió el punto exacto donde se encontraba la antigua ciudad Ikguirraz.
Sirce llevaba casi 20 años lejos de las costas, estudiando y escribiendo todas sus investigaciones y encontró la Cabeza de Terzegihan y allí descubrió la ciudad perdida que estaba enterrada en el Mar de Arena. El las bóvedas del castillo halló el cadaver de Hangurimzunish, el dragón Nagereo que había enviado al pueblo Ikguirraz en exilio, desde donde se habían dividido. El cuerpo del dragón yacía sobre montañas de oro y plata y bajo ésta encontró las escrituras inmemoriales. Por seguridad, nunca reveló el la ubicación de Ikguirraz, sabía que vendrían por el oro del difunto dragón y debía tener cuidado con el conocimiento que radicaba en la loza de la ciudad.
El pueblo Licki Kair tenía una forma muy particular de relatar sus historias. Sus tejidos expresaban en formas geométricas y colores y símbolos los relatos. Era su forma de escritura, sus libros eran sus atuendos, por lo que cada cual portaba su historia en sus ropajes y eran visibles por todos los demás. Sirce, al salir de Ikguirraz se dirigió a los Licki Kair y aprendió de su escritura, y pidió a finos artesanos que confeccionaran una túnica que relatara su historia y sus estudios de magia. Era la forma que encontró para proteger sus conocimientos de la ambición de los pueblos de la costa. En su capa, mezcló lanas de animales del interior finamente confeccionada, con hilos de metales preciosos. Ningún ornamento existía el tejido, todos los dibujos y símbolos significaban algo específico y estaba realizados con la mayor precisión matemática que exigían. Así, al igual que el pueblo Licki Kair, Sirce portó su atuendo relatando sus conocimientos, pero de manera críptica para los pueblos de a costa. El mago lo llenó de magia bajo las estrellas del desierto y practicó sus poderes. Volvió entonces a Ikguirraz, y para probar su poder reanimó el cadaver de Hangurimzunish, pero al ver tal atrocidad, cerró nuevamente la puerta del palacio sellándolo mágicamente.
De regreso a la Torre Maestra de Jahzel, Sirce contó sobre los estudios de la Necromancia a su amigo, el mago y gran maestro de la Academia Gergemizen, Halun Clisamir, y juntos estudiaron sus conocimientos.
27 años demoraron en escribir las nueve tablas de estos estudios. Una por nivel de poder. Y las fueron enseñando cautelosamente en la academia. Con estos conocimientos podían curar enfermedades que eran de otra manera irreversibles, podían hacer más fuerte a los trabajadores aumentando la productividad del reino, revivir animales y hacerlos sus seguidores incondicionales. Sin embargo, una mala manipulación podría ser nefasta, y así lo fue.
Dalmar
Con los conocimientos de las tablas, Dalmar se enriquecía cada vez más. El Gachaz Speleri Murzuhem, descendiente directo de Helingzu Murzuhem, hacia trabajar diez veces más a sus obreros en las minas de oro. Hacía construir pilares del mineral precioso en macizos bloques para ampliar su palacio y creaba techos abovedados de plata y de objetos brillantes. Las paredes relucían como espejos y dentro del palacio de Dalmar, había una luz que relumbraba como el sol.
Su ambición por el oro y las mujeres creció y creció, mientras a su pueblo lo hacía trabajar forzosamente bajo los nuevos conjuros traídos de antaño por Sirce. El pueblo de Zulbam, nunca se cansaba, trabajaba, casi literalmente, como zombies para satisfacer la codicia del gobernante supremo. La erupción del volcán Hagar, provocó la muerte de cientos de obreros en sus minas, así como la intoxicación de tanta otra gente en pueblos vecinos. Entonces Speleri Murzuhem envió a resucitarlos con la nueva magia para que siguieran trabajando. Y así fue, pero una gran enfermedad sin control se propagó por el reino, una suerte de necrosis que carcomió la piel de las personas y pronto murió la mitad de la población. El gachas se encerró en su palacio evitando ser contagiado, y envió a matar a todos los enfermos de Dalmar para erradicar la enfermedad en la ciudad y cerró sus puertas.
Sirce era un gran mago e hizo lo que pudo. Allá afuera reinaba la muerte y él portando sus atuendos invocó a las fuerzas de la naturaleza para traer luz y salvar parte de la población y así fue, salvó ciudades enteras, pero no pudo controlarlo todo.
No se sabe muy bien qué fue lo que sucedió, algunos dicen que fueron los dioses, otros creen que fue la misma magia de la academia lo que provocó que desde los cielos, desde lo más alto de los cielos, apareciera una nueva estrella, que no era estrella. Las semanas pasaban y veían el objeto crecer, pero no brillaba mas con la misma intensidad, se opacaba y ya no eran semanas, sino días para ver los cambios de aquel diminuto punto en el cielo que ahora era visible incluso de día. El punto creció y en tres días revelaron que se trataba de un cuerpo y que caía rápidamente sobre Zulbam. Una mole con forma humanoide, un titán caía inerte desde lo más alto de los cielos y aplastó directamente el palacio de oro del Gachaz, provocando un gran crater que inundó completamente la ciudad.
Este hecho dejó atónitos a los magos, a los sacerdotes y a toda la población. El Gachaz había muerto aplastado en su palacio ahora bajo el agua, y con él sus herederos y mujeres. La enfermedad dejó de propagarse, pero se lamentaron las tantas almas que ya se había llevado. Los magos liberaron las almas de los trabajadores para hacerlas dormir para siempre.
Si bien, no existían herederos directos del trono, el primo de Speleri Murzuhem, Shaloma Healum era el gobernador de Djed y proclamó su independencia de Zulbam luego de la destrucción de Dalmar. Así se formó el emirato de Djeda.
Sulcer
La academia de Gergemizen decidió abolir el uso de la magia en el reino, sólo sería usada con fines muy acotados y dentro de estrictos controles de ahora en adelante. Prohibieron a Sirce portar sus atuendos, todos los magos debían desde aquel momento vestir la túnica naranja que era el símbolo de la academia. También lo obligaron a dejar todos sus escritos dentro de la Torre Maestra, así como sus mágicos atuendos, de los cuales otros magos estaba celosos. Pero, él se negó. Era muy peligroso dejar sus investigaciones en un lugar donde él no tenia control.
Las tablas de la necromancia desaparecieron, no se sabe donde quedaron, alguien las había robado y no aparecieron en ningún lugar de la Academia Gergemizen. Su mejor amigo, el Gran Maestro Halun Clisamir, lo acusó injustamente de haberlas escondido. La magia de la academia era poderosa y lo persiguieron. Posicionándose frente a la pequeña isla frente a la hundida Dalmar, Sirce vistió sus atuendos y revivió al titán caído de los cielos y junto con él huyó al desierto.
Nunca se supo a ciencia cierta dónde quedaron las tablas de la Necromancia. Pero se descubrió mas tarde que ciertos elfos oscuros había comenzado a utilizar la magia escrita en ellas, ocultos en algún lugar de la Cordillera de Elea.
Invasiones
Durante este tiempo es color del cielo había comenzado a cambiar, los Ongaluks había terminado de reconstruir una poderosa pirámide que invocaría a un Sol venido desde muy lejos. Y comenzaban a propagar por el desierto una ideología de adoración a las estrellas lejanas. Quienes se negaran a unirse a sus creencias, eran muertos.
Sirce había huido de los magos de Jahzel y se internaba en el desierto junto a Sulcer, su sirviente caído desde los cielos. Sulcer tenía la mirada perdida, solo obedecía lo que el mago le decía que hacer. Se cuestionó sobre la prudencia se su acto, el revivir a una criatura y manejarla sin que realmente supiera lo que hacía. Pero Sulcer era un Titán, según había leído, los titanes eran hijos de los dioses, creados en los cielos y enviados a la vida, ya sea por desprecio, desapego, mal nacidos o por castigos. Por lo que Sulcer debía tener una naturaleza divina, lo que impedía que dejara su cuerpo terrenal tan fácilmente. ¿Que es lo que había hecho Sirce con el titán? ¿Lo había simplemente despertado de un sueño ? Sin duda aquella caída habría destrozado a cualquier criatura viviente, por mágica que fuese, solo un poder divino lo habría protegido de la embestida que dio contra la ciudad. Y si bien Sulcer estaba algo magullado, no era nada con respecto al impacto que había recibido. El dejo de letanía y de tristeza en su expresión no se le arrancaba de ninguna forma.
Sirce había oído decir que Zuzgun Ongalugzek seguía vivo y ahora dirigía a su pueblo bajo el nombre de Shigara y era tratado como a un dios. Se ubicaba en una gran ciudad llamada Sybirisairan y se propagaba como un imperio, tanto por el desierto como por los reinos más allá de las montañas del Sur.
Al aproximarse al Salar del Minotauro. Se encontró con humeantes aldeas destrozadas y supo que los Sybirisairas anduvieron por ahí y no podrían estar muy lejos. Vio a los Mazterrazir luchar contra invasores en fervientes batallas, las vio ganarlas y las vio perderlas.
No es sorpresa que la llegada de un titán espantara y desmoralizara a la mayoría de soldados que peleaban con lanzas y cimitarras y a lo más, con algún conjuro mágico que provocaría algún daño estructural. Pero Sulcer era mas alto que un palacio y recostado abarcaba varios edificios de longitud. Esto sin dudas ayudó a frenar las invasiones contra los Mazterrazir, pero no podía estar en todas partes. Supo que pueblos más allá habían sido destruidos y su población herraba por el desierto. Los Sybirisairas estaban por todas partes, y asesinaban a cualquiera que no lanzara plegarias al Shigara. Así algunos pueblos y aldeas se vieron forzados a convertir sus creencias, así los Sybirisairas ganaban adeptos y aumentaban en número.
Oniorn
Sirce llegó a Maej, la ciudadela que había acogido a su madre moribunda en el desierto y vio que el pueblo estaba desértico y destruido. Subió a los hombros del Titán, buscó a los sobrevivientes y los encontró huyendo perdidos y hambrientos. Recordó lo que le había contado su madre cuando ella escapó de los Ongaluks, que ahora se hacina llamar Sybirisairas. Guió al pueblo de Maej, por el desierto. Sirce miró nuevamente las estrellas y estas le indicaron Montur, montañas perdidas en alguna parte, que ni hoy se sabe bien donde quedan. Allí, dio refugio al pueblo. Indicó a Sulcer construir Oniorn, una ciudad en la falda del monte tallada en la roca para prestar mayor cobijo. Mientrastanto Sirce con su magia, llamo a las fuerzas elementales y bañó el valle interior, y lo hizo florecer y verdecer y lo convirtió en un campo fértil donde los Maejitas cultivaron, comieron y vivieron.
Terminada la ciudad de Oniorn, Sirce ya estaba muy viejo, mucho mas viejo de lo que un hombre normal vivía en aquellos tiempos y en aquellas condiciones. Se había hecho conocer en todo el desierto, era temido y respetado por sus poderes y también odiado y buscado por romper las normas impuestas. Sus conocimientos eran inmensos, y lo reconocía muy poderosos también, pero en las manos equivocadas, podrían causar aún mayores estragos de los que él había ya producido difundiendo la necromancia. En la misma ciudad de Oniorn construyó su tumba y dentro guardaría todos sus saberes, así como su túnica. Su mausoleo lo construyó con sellos especiales, todos encriptados con los lenguajes Licki Kair y en ella determinó que solo aquellos que han conocido la luz y la oscuridad y que aún así se mantuvieran del lado de la luz, podrían acceder a sus conocimientos y entrar por la puerta de su tumba.
Despedida
Antes de encerrarse, Sierce se dirigió a Trizán a despedirse de los Mazterrazir. Pero al llegar vio desolación. Recordaba la ciudad reluciente de vida, una ciudad de piedra tosca pero espiritual, con decorados precisos y coloridos, un rey fuerte acompañado de nobles seres de bien, de profundos conocimientos y gran filosofía, eran los hijos de Todos los dioses. La última vez que había estado aquí los guerreros relucían los colores de la batalla, los bronces de sus armaduras, y trompetas. Sus coloridos estandartes, los brazos de los guerreros, anchos como el tronco de un árbol, sostenían cimitarras, lanzas y orgullosas hachas de guerra. Sus cabezas de toro rugían con los gritos de guerra contra los invasores Sybirisairas. El había aportado a su victoria con sus conjuros y con la presencia de Sulcer. Le agradecieron y entraron victoriosos retornando a Trizán, no sin pesar la perdida de tantos de su pueblo. Se sentó junto al rey minotauro, Telaz Akit, herido, pero aun firme y erguido. Bebieron y hablaron sobre un tiempo de recogimiento. Miraron hacia el cielo, y éste ya había cambiado de color.
Hoy el color de los cielos se intensificaba, era cada vez mas rojo, y la presencia de una nueva estrella lejana lo acompañaba. El desierto se había vuelto invivible, ni una pizca de agua, ni una sola lluvia, el mar era una espesa costra de sal. Sirce recorrió la ciudad completamente deshabitada, las calles limpias, las casas vacías pero ordenadas. Los cuerpos de los caídos estaban debidamente sepultados y aromatizados con inciensos y aceites en las profundidades de los laberintos secos, ya sin humedad. No encontró el cuerpo del rey minotauro. Escribió unas palabras en las puertas de la ciudad, por si algún día regresaban, sabrían como encontrarlo. Selló el portal para mantenerla digna, así como su pueblo se había despedido de ella.
Sirce llevaba mas 90 años de investiación y de lucha. Al igual que Mazterrazir, el viejo no resistiría una nueva guerra. Le preguntó a Sulcer que es lo que desearía hacer cuando no él no estuviera mas, el gigante cerró los ojos con un gesto de cansancio, quería dormir. Claro, el mago lo había despertado imprudentemente de su sueño bajo el mar, sin haberle preguntado nada sobre su historia. El viejo apuntó hacia una montaña y le dijo, ve adormir, y se retiró su túnica mágica. El gigante caminó y Sirce también, pero en otra dirección. El antiguo sol ahun relumbraba, pero no por mucho tiempo mas, el viejo lo presentía. Entró al valle, esperó la luz del amanecer del equinoccio, reveló la entrada de su ciudad, caminó por los estrechos acantilados hasta que vio nuevamente el hermoso jardín del valle en el que había convertido aquel desolado paraje. Se sintió satisfecho, y se fue a descansar, pero esta vez no a su cama, entró en el mausoleo. Selló la puerta con un conjuro, caminó por las recámaras, encendió una llama azul eterna para que lo acompañara, entró a un sarcófago y durmió, para siempre.